Muere lentamente quien se
transforma en esclavo del
del hábito, repitiendo todos los días
los mismos trayectos,
quien no cambia de marca,
no arriesga a vestir un color
nuevo y no le habla
a quien no conoce.
Muere lentamente quien hace
de la televisión su gurú.
Muere lentamente quien evita
una pasión, quien prefiere el
negro sobre blanco y los puntos
sobre las ‘íes’ a un remolino de
emociones, justamente las que
rescatan el brillo de los ojos,
sonrisas de los bostezos,
corazones a los tropiezos
sentimientos.
Muere lentamente quien no
voltea la mesa cuando está
infeliz en el trabajo, quien no
arriesga lo cierto por lo incierto
para ir detrás de un sueño,
quien no se permite por lo
menos una vez en la vida, huir
de los consejos sensatos.
Muere lentamente quien no
viaja, quien no lee, quien no oye
música, quien no encuentra
gracia en sí mismo.
Muere lentamente quien
destruye su amor propio, quien
no se deja ayudar.
Muere lentamente, quien pasa
los días quejándose de su mala
suerte o de la lluvia incesante.
Muere lentamente, quien
abandona un proyecto antes de
iniciarlo, no preguntando de un
asunto que desconoce o no
respondiendo cuando le
indagan sobre algo que sabe.
Evitemos la muerte en suaves
cuotas, recordando siempre que
estar vivo exige un esfuerzo
mucho mayor que el simple
hecho de respirar.
Pablo Neruda, (1904-1973), poeta chileno.
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